Tal vez sea la clave de este deporte: en un universo que gira con devoción alrededor de una pelota, la originalidad no es lo que abunda, pero es lo que siempre se espera. En cada detalle, en cada giro, en cada gambeta, en cada pase o en una definición magistral que culmina una linda jugada, los espectadores estamos en la búsqueda perpetua de esa especie de milagro, como niños en donde el placer del juego y la diversión nos permiten torcer por un instante las reglas de lo que nos rodea. Las comparaciones con otras disciplinas no son pertinentes. En todo caso, es común la alusión a la música y la danza para definir su belleza estética. En Sudamérica, la alegría de la samba y los firuletes del tango fueron largamente utilizados para marcar los contrastes del fútbol brasileño y el fútbol argentino.

Los ídolos del fútbol: en ellos, entre glorias y penurias, se sintetizan todas las aspiraciones y exigencias de los espectadores. Son los pocos “tocados por la varita” que, jugando por el placer de jugar, llegan a estar en boca de todos, en las tapas de todos los diarios y en la imaginación de todos los niños. Dentro de la mitología futbolera se suele decir que cada diez o quince años ocurre el arribo de un talento excepcional. Aquel que puede llegar a corporizar la creación pura y el milagro.

Desde los potreros de Villa Fiorito, un niño llamado Diego Maradona comienza a asomarse al sueño del fútbol. Con nueve años de edad, ingresa al “semillero” infantil del club Argentinos Juniors e integra el equipo de los “Los Cebollitas”. No pasará mucho tiempo para que, a los oídos de Pipo Mancera, el conductor del exitoso programa “Sábados circulares”, llegara el comentario de que en la cancha de Argentinos un chico es el deleite del público haciendo malabares con la pelota en los entretiempos de los partidos. De esta manera, el niño crack hace su primera aparición en la pantalla de televisión.

El 20 de octubre de 1976, con 16 años, Maradona debuta en la primera división del fútbol argentino, en un partido en que el equipo de La Paternal cae derrotado por 1 a 0 ante Talleres de Córdoba. Al mes siguiente, el 14 de noviembre, el joven profesional convertiría su primer gol en un encuentro frente a San Lorenzo de Mar del Plata.

Luego que sus goles con la camiseta de Argentinos lo posicionaran como máximo anotador en cinco torneos consecutivos, Maradona rechaza su posible pase desde este club al Fútbol Club Barcelona, e integra seguidamente el plantel de Boca Juniors. Así, el 22 de febrero de 1981, Diego Maradona inaugura oficialmente su vinculación con el equipo xeneize, en un partido como local contra Talleres de Córdoba, mismo equipo contra el cual había debutado años antes en Argentinos.

En este archivo que destacamos, el relator Héctor Drazer presenta un compilado de goles y jugadas, introducido a su vez por la locución en inglés de la periodista Silvia Fernández Barrio, en el cual se repasa “el talento” del joven Maradona en la primera etapa de su carrera, a través de su paso por los clubes Argentinos Juniors y Boca Juniors, y su desempeño en las selecciones argentinas sub-20 y mayor; donde se incluye, entre otros goles y partidos: los cuatro tantos convertidos a la valla del arquero de Boca, Hugo Gatti; los goles del seleccionado argentino sub-20 en Japón, para la conquista del primer campeonato juvenil; el debut en Boca contra Talleres de Córdoba; el recordado gol al arquero Ubaldo Fillol, para el 3 a 0 en la Bombonera contra River Plate; y «el primer ensayo», en una amistoso con la selección argentina, de lo que luego sería el mítico gol a los ingleses.

Posteriormente, con la conquista del Torneo Metropolitano 1981 para el Club Atlético Boca Juniors, Diego Armando Maradona es considerado el mejor jugador de la Argentina, y comienza a cimentar así su trascendencia internacional. Entrevistado por Héctor Drazer, y ante una cámara que lo toma en primer plano, el joven 10 de Boca responde, en tercera persona, que tanto él como su equipo pueden dar aún más -de cara al Torneo Nacional-. A su vez, luego de hablar sobre sus amigos, su familia y dios, dedica la reciente conquista a todos “los chicos”, hinchas de diferentes clubes, a quienes pensó también “hacerlos feliz a través de la selección”, y quienes promete que no los va a defraudar.

Maradona se pasa los siguientes 15 años cumpliendo. Le aguarda la gloria en la segunda mitad de los 80. Cumple su ansiado sueño infantil: ser campeón del mundo. Después, tras México ’86, vendrán otras escenas: el scudetto con Napoli, la frustración en Italia ’90, la desgarradora tristeza del Mundial ’94, la vuelta heroica a Boca, las polémicas, el retiro, el buzo de DT de la selección.

Así empezaba la leyenda del mejor jugador de fútbol de la historia, una que parece lejos de terminar, porque se acrecienta a cada minuto. Sus pies ya no tocaran una pelota, pero seguirá siendo su dueño eterno. Los potreros de Fiorito, los campos profesionales de América y Europa y el césped artificial de Dubai recordarán sus pasos. Las canchas argentinas, que volvió a recorrer con el buzo de director técnico del Gimnasia y Esgrima, pudieron despedir al barrilete que supo transitarlas como nadie. No lo olvidarán. Los hinchas, los amantes del fútbol, tampoco.

 

Damián Esteban Pérez, 2016/2021