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Tras la agonía de la llama olímpica, la oscuridad envuelve el Memorial Coliseum de Los Ángeles. La voz del estadio comienza la cuenta regresiva para la siguiente escena: un juego de luces envuelve al público presente, previo a la sorpresa de la velada. Luego un extraño ruido anuncia el arribo de algo proveniente desde lo alto del campo de juego. En el cielo, distinguiéndose nítidamente por sus destellos titilantes, un “plato volador” sobrevuela el estadio de los Juegos Olímpicos y aterriza al compás de la banda de sonido del film “2001: Odisea del espacio”. Sobre la cabecera donde se encuentra emplazado el pebetero, entre sonidos de sintetizador y efectos de iluminación láser, un “extraterrestre” aparece ante los espectadores. Este es el broche de oro, la sorpresa de una ceremonia de clausura, que al igual que la apertura, exhibe una puesta…
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